jueves, 3 de abril de 2014

INCAUTO

Nos encontramos añorantes
Pero ya ves, no fue nada.
No hubo intento de caricias,
Ni pasión ilusionada.       

Fuiste un sueño solamente
Y un dolor en la alborada.
¿Culpable sólo es mi corazón?
¡Por favor calla !


CARTA II

CARTA DE AMOR. II
Amor mío:                
Nunca imaginé que entre nosotros, pudiera vencer el cruel orgullo; sabiendo que me amas ( Lo has jurado muchas veces), cómo permites este abrumador silencio y no muestras un mínimo interés para nuestra reconciliación.
Desde aquel día que nos enfadamos, todo ha perdido sentido y en verdad, no se que hacer; se han adueñado de mi, crueles temores y reflexiono sobremanera, del error que cometí al no darle el justo y verdadero valor a tus sentimientos.
Ciertamente los celos enceguecen y están acompañados de horrendas fantasías. Me angustio al pensar que tu no quieras perdonarme y sea esta la razón por la que rehúyas de mi presencia, pues he frecuentado todos los lugares donde solíamos ir, abrigando la esperanza del encuentro, pero es inútil, más aún, esta es la tercera carta que te escribo y no se que será de ti.
Por favor, acalla los gemidos de mi corazón y dale sosiego a mi alma, pues ahora todo es desencanto en mi vida: Días intensos y noches eternas en un desvelo que destroza todo mi ser, pues en mis delirios, recuerdo tus dulces palabras y la ternura de tus caricias.
Ya sabes cuanto significas para mi y que lucho porque esta ilusión no muera, mas con todo mi pesar, este es mi último ruego, bien me conoces, que no admitiría que la compasión sustituya al amor.
Finalmente, y como ha sido costumbre en mis epístolas, te envío un verso del gran poeta Epifanio Mejía, que describe un auténtico retrato de mi presente vivir:
“Yo soy como la tórtola del valle/ que ausente del amor sufriendo llora,/ paloma de los verdes arrayanes/ que por su nido y por su amor solloza”.
Siempre tuyo: quienes vivan este sentimiento.