Que resonante se volvió
Tu nombre:
¡A la orden mi amor!
Dice el tendero.
¡Cierra la puerta mi amor!
El conductor.
¡Cómo estas mi amor!
Saluda el forastero.
Y así torpemente te pronuncian sin
valor.
Para mayor ultraje lo dice la canción:
“caricia me despacio, lentamente sin
temor…
Que no importa que no sepa ni tu nombre…
Que mañana quizás será otro hombre,
El que este haciéndote el amor…”
¿Será que ya eres pecado?
¡Qué afrenta!
Perdona la torpeza de los seres
Que en su ignorancia te profanan,
¡Dios es Amor! Ese tu nombre
Lo más sublime del alma humana.
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