Cantó el turpial su dolor
y sus sones melodiosos llevó,
a su amada que enojada pasó
todas las noches sin decir ¡Amor!
Serenatas de ruego y perdón
eran los cantos del buen trovador,
pero su prenda que el orgullo llevaba
mucho tiempo le negó su mirada.
Ahora cansado y abatido
es el trinar hacia Dios un rezo,
pidiendo en él con fatigado aliento
venga el olvido y otro amor sin ruegos...
y sus sones melodiosos llevó,
a su amada que enojada pasó
todas las noches sin decir ¡Amor!
Serenatas de ruego y perdón
eran los cantos del buen trovador,
pero su prenda que el orgullo llevaba
mucho tiempo le negó su mirada.
Ahora cansado y abatido
es el trinar hacia Dios un rezo,
pidiendo en él con fatigado aliento
venga el olvido y otro amor sin ruegos...
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