CARTA I
Querido papá:
Siento nostalgia al revivir,
a aquellos tiempos donde
me veo cubierto de tus
abrazos y caricias,
esos momentos de risa y
de contento,
montado en tu espalda
con efusivos gritos de:
¡Arre, arre caballito!;
ni que decir, mis narrativas
que ufano te describían
ante mis amiguitos, como
un héroe defensor de la
justicia y castigador de
malos. ¡Si que eras mi
escudo!, no necesité en las
noches tormentosas,
esconderme de los fantasmas,
¡Tu me protegías! Añoro
la fuerza y la seguridad que
me dabas, al verme
crecer en las turbulencias mundanas,
tu consejo
acertado y visión profunda, evitaron
que yo, tu hijo, tomara un camino equivocado; aún
oigo tu cálida voz
diciendo: No temas, estoy contigo.
Ahora que tengo mi propia
familia y los desvelos
que me causan,
reconozco tu cariño y protección, tanto
asi, que me reprocho
sin cesar, no haberte manifestado
a viva voz: ¡Gracias
papá, por todo lo vivido!; errado
supuse, que sabías de
mi gratitud y no tenía que expresarlo:
Por qué será,
que callamos las cosas del alma.
Hoy trato de imitarte,
queriendo compensar tu inolvidable
amor y gran
sacrificio, esto me da valor y te siento más
cerca, pues desde que
Dios te llevó de nuestro lado, sólo
el recuerdo reconforta
mi corazón.
Añoro siempre, tu
bendición y tu amor.
¡Gracias Padre!
Tu hijo: (Quienes vivan
este sentimiento)
No hay comentarios:
Publicar un comentario