Dónde fueron esos
amores,
que
llenos de esperanza galanteaban
los
domingos en la tarde, ahogándose
en
un mar de caricias.
Veo
el parque con su follaje reseco; los
columpios,
toboganes y butacas cubiertos
por
la herrumbre, todo convertido en
chatarra;
la fuente hídrica ya no se ve;
los
ángeles pedruscos unos sin alas otros
acéfalos,
denotan que fueron objeto de
la
desidia...
Que
fue de aquellos hombres y mujeres
llenos
de juventud primaveral, que reían
y
cantaban ajenos a las penurias mundanas.
Muchos
ya se fueron de esta vida, y otros,
como
yo, recorremos nostálgicos los recuerdos
del
ayer: Con gafas, gabán, sombrero y bastón,
es
decir, disfrazados por el tiempo.
Nadie
nos conoce y a nadie reconocemos
y
pensar que éramos los príncipes y princesas
señoritas
y señorcitos del lugar.
¡Que
pena! hoy estuve en el parque y un
pensamiento
queda: Cuando venga el olvido,
el
marcharnos no da pena.
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