Cierro mis ojos
y centro mi mente en el Creador,
acallo el susurro de mis palabras
cuando siento que se aviva mi corazón.
Y es que Tú Padre amado, no necesitas,
para escucharnos de los idiomas,
pues Tú conoces nuestro pensar
y la sed ardiente que nos devora.
Buscamos con ritos y zalamerías
que Tú nos ames y nos protejas,
no comprendiendo que en verdad
somos Tus hijos con herencia eterna.
Con mi silencio Te voy buscando
y en solitario ante Ti me inclino,
pidiendo humilde y con amor
que me permitas volver Contigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario