Voy a tu encuentro Señor
entregando lo que soy,
renunciando al mundo y sus almíbares:
Al ego contemplado, amores añorados, deleites
y reinos de placeres.
Sé del sinuoso camino
que lleva a Ti:
Entrega total hacia los otros,
siendo la ingratitud la vil paga;
abrazo a la cruz que inmola
donde no habrá compasión de nada,
pero lo más difícil...no sentir tu presencia
y hacerte por la fe mi creencia.
Que orfandad y vacío sin tu gracia,
habítame para tener paz y consuelo;
quiero vivir con la certeza
que a mis ruegos resplandecerá la luz,
donde sumergirme pueda.
¡Ven amado Cristo Jesús!
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