Pidió el enamorado
versos entristecidos
y de perdón suplicante
a un poeta de oficio.
_ ¿Que a todos complacía con su arte?_
¡Qué pluma tan bien versada,
qué sentimiento profundo!
cuando los lea la ingrata
su amor tendré por seguro.
No quiero que seas incauto
le respondió el rapsoda:
No hay sentimiento alguno
y no hay pluma encantada,
pues en cada palabra pensé:
¡De cuánto sería la paga!
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