En el alba a través del follaje
un canturriar lastimero,
trae la umbría realidad
de nuestro taciturno amor.
Todo, todo suscita quejas
por el furtivo sentimiento
que nadie jamás aceptaría:
Y es que nuestro escondido romance
imanta la sombría verdad,
del lóbrego final que nos espera.
El tiempo austero que nos queda
frenético repite sin piedad:
¡Ella es ajena, otro su dueño!
huye ladino con tu maldad.
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