Cruel sensación
dejó el ladrón:
Fuera que mis pertenencias,
quedaron en su poder,
sentía que algo más arrebataba.
Lo quise maldecir y no pude,
pretendí correr tras él
mas era inútil
cual pájaro
voló.
Gran deseo me impulsaba
alcanzarlo y preguntarle:
Por qué se vengó conmigo,
por qué tan cobarde...
Y cuando la calma volvió
una voz me respondió:
No te odia el robador,
lo que el siente es: Hambre.
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